Ediciones Anteriores
 
Año 19 - Abril/2017
BIMESTRAL
N° 98
cultura    INICIO      Sábado 23 de Septiembre del 2017    
  EDITORIAL

  POLÍTICA
UNIDAD Y DEMOCRACIA
¿FRAUDE: HACIA UN GOBIERNO DÉBIL Y VICIADO?

  REPORTAJE
¿QUIÉN ES LA MUJER ECUATORIANA?

  OPINIÓN
RESULTADOS ELECTORALES FRAUDULENTOS

  ENTREVISTA
U. DE CUENCA FESTEJA SUS 150 AÑOS DE VIDA

  TURISMO
EL CANTON PALTAS

  CULTURA
LOS MORENO MORA
EL ORO DE SUSANA

  COMUNIDAD
TRAZA URBANA DEL CENTRO HISTÓRICO DE CUENCA
LA CASA DE LA MUJER

POR: Armando Sacta Guamán

 

 


El oro de Susana (primera parte)
Susana vivía en feliz matrimonio con Leonidas, junto a sus hijos, en Tampanchi de la parroquia Taday; habitando en su propiedad llamada Guandug, del cerro Iñaguarte; cerca al asentamiento del antiguo pueblo de Shin.
Hace más de cincuenta años, el Centro Parroquial de Taday era pequeño, con casas de adobe unas y de bareque y barro otras; la mayoría de un piso y pocas de dos pisos, con techo de paja algunas y de teja las demás, generalmente con una sola puerta frontal y también con puertas de doble hoja; todas con un corredor adelante.
 Al medio del caserío cruzaba un camino largo, haciendo de calle principal. Contiguo a la Plaza Central estaba la Iglesia de San Andrés, y al otro lado existía una hilera de casas grandes y pequeñas, destacando la de don Targelio Rivera, por tener un corredor entablado, con bancas de madera, para el descanso de los forasteros y de quienes llegaban a la feria de los viernes.
Desde Tampanchi hasta el Centro Parroquial se tenía que caminar varios kilómetros, durante más de tres horas, con pasos ligeros, siguiendo la vía grande; o se podía salir por el chaquiñán de arriba, era menos vuelta y se demoraba menos. Es decir fue dificultoso trasladarse desde Tampanchi hasta el Centro Parroquial, hace más de cincuenta años. Por eso Leonidas y Susana salían únicamente los viernes, días de feria,
Y ocurrió que un viernes al anochecer, cuando ya todos los feriantes habían regresado a sus comarcas, bajo una de las bancas del corredor de la casa de don Targelio Rivera, su hija Laura, niña de doce años, encontró una taza de jalar, hecha de carrizo, cubierto su interior con un mantel blanco.
 Quién olvidaría ?
 Se preguntó la niña, levantando la taza, que estuvo pesada.
 Y qué contendrá ?
 Se dijo después.
 Con la natural curiosidad de niña, alzando el mantel, miró una olla de barro muy bonita. Al lado estaban algunos chumales, mote choclo y un quesillo. Pero lo que más le sorprendió fue la presencia llamativa de la olla.
 Qué estará adentro ?
Inquirió finalmente.
Con mucho cuidado procedió abrir la cinta rosada que amarraba una pequeña tela roja de terciopelo, en torno al cuello de la olla, tapando la boca de la misma. Luego, al retirar la tela, medio a oscuras, pudo ver unos animalitos de metal. Y profundizando su mirada hacia el asiento de la olla, observó una cantidad de granos algo brillantes.
Sorprendida y a la vez temerosa de que alguien descubra su imprudencia, de inmediato cubrió la boca de la olla, con la tela roja de terciopelo, amarrando con la cinta rosada, dejando como estuvo antes. Y disimuladamente comunicó el hallazgo de la taza de jalar, a su mamá, la señora Gricelda Riera; sin avisar el contenido, para evitar cualquier reproche a su indebida curiosidad.
 Mamá, encontré una taza de jalar, bajo una de las bancas del corredor.
 Guarda sobre el estante, ya han de venir a reclamar.
 Ordenó la señora Cricelda, desde la cocina, donde preparaba la merienda. Y así cumplió la niña.
 Pasaron los días, ya fue más de una semana, pero nadie reclamaba la taza de jalar olvidada; que permanecía visible sobre el estante, en el cuarto de entrada a la casa.
Por este motivo, pensando que dicha taza de jalar no tenía importancia para su dueño, ya que no la buscaba en tantos días, antes de eliminarla botando a la basura, la señora Gricelda quiso al menos saber qué contenía; para quedar con alguna justificación, ante cualquier propietario que asome después.
Levantó el mantel que cubría el interior de la taza y miró su contenido: una olla de barro, tapada con una pequeña tela roja de terciopelo, amarrada con una cinta rosada, nada más; al lado unos chumales, mote choclo y un quesillo con lanas; todo con el olor desagradable de comenzar a podrirse. Realmente la señora Gricelda no miró ninguna cosa buena.
Y como sólo faltaba saber el contenido de la olla, desató la cinta rosada y levantó la tela roja de terciopelo, quedando asombrada de lo que miraba a plena luz del día.
 No puede ser.
Pensó.
Sacó uno a uno los toros, vacas y venados metálicos; colocando sobre la mesa, para verlos mejor.
 Increíble !  Son auténticos, son verdaderos.
 Se dijo.
 Pues frente a sus ojos distinguía: toros, vacas y venados de oro, de oro puro. Y entonces trastornó sobre la mesa todo el contenido de la olla, y cayeron una cantidad de granos de habas y maíces, también de oro, de oro puro.
 Nunca en su vida la señora Gricelda soñó ver nada parecido, ni jamás imaginó la existencia de elaborados tan perfectos.
 Y de quién será ?
Meditó.
 En ese instante llegó su marido, don Targelio Rivera, sorprendiéndose de lo que su mujer estaba admirada; quedando él también asombrado, al observar tanta maravilla de oro, de oro puro.
 Es una fortuna !
  Gritó don Targelio.
 Sí mujer, es nuestra fortuna !
Confirmó después.
 Este hallazgo es un regalo que nos brinda la suerte, mujer; por eso nadie viene a reclamar en tantos días.
Argumentó.
 Esto yo no devolveré jamás !  Guarda mujer con cuidado. Es nuestra fortuna.
 Concluyó alegre don Targelio.
 La señora Gricelda, obedeciendo a su marido, guardó el hallazgo en lugar seguro; después de colocar en la olla su contenido y dejar todo conforme estuvo al momento que la taza de jalar fue encontrada.
Mas sucedió que en la noche de ese mismo día, mientras dormía don Targelio, soñó a un anciano que se le apareció y le dijo:
 Targelio, hombre querido por horado y trabajador, por generoso y verdadero, cómo ahora te apropias de lo ajeno ? Por qué te sientes dueño de lo que no es tuyo ? Si no devuelves el oro que retienes, nunca serás feliz.


 


ENCUESTA
¿Está de acuerdo usted que el Tranvía pase por la Calle Gran Colombia en Cuenca?
SI
NO

resultados


  Dirección: Sucre 3-90 y vargas Machuca
3er. Piso, oficina #31
Teléfono: (593-7)2841019
Fax: (593-7)2841103

Copyright © 2012 PROCORP