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Año 19 - Abril/2017
BIMESTRAL
N° 98
polÍtica    INICIO      Miércoles 24 de Mayo del 2017    
  EDITORIAL

  POLÍTICA
UNIDAD Y DEMOCRACIA
¿FRAUDE: HACIA UN GOBIERNO DÉBIL Y VICIADO?

  REPORTAJE
¿QUIÉN ES LA MUJER ECUATORIANA?

  OPINIÓN
RESULTADOS ELECTORALES FRAUDULENTOS

  ENTREVISTA
U. DE CUENCA FESTEJA SUS 150 AÑOS DE VIDA

  TURISMO
EL CANTON PALTAS

  CULTURA
LOS MORENO MORA
EL ORO DE SUSANA

  COMUNIDAD
TRAZA URBANA DEL CENTRO HISTÓRICO DE CUENCA
LA CASA DE LA MUJER

POR:

 

 


Unidad y democracia
Las elecciones del 2 de abril, se convirtió en una jornada  cívica sin contratiempos en cuanto a la asistencia de la ciudadanía a las urnas, pero se volvió tensa conforme avanzaba la divulgación de los resultados oficiales. Las cifras entregadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) dan ventaja al candidato presidencial Lenín Moreno (AP) sobre su oponente Guillermo Lasso (Creo-SUMA).
Guillermo Lasso,  anunció que su equipo legal está preparando una impugnación ante lo que calificó de un fraude. La Corporación Participación Ciudadana, un ente cuyo trabajo ha sido un referente en varias elecciones nacionales, no divulgó los datos porque su conteo rápido le señalaba un empate técnico con una diferencia de 0,6 favor de uno de los dos candidatos.
Así las cosas, será necesario esperar la impugnación y que la autoridad agote las instancias legales para aclarar los resultados, en los plazos estipulados. Ese incómodo compás de espera no puede convertirse en motivo para enfrentamientos. Lasso fue claro en pedir una defensa pacífica de los votos.
Los resultados del CNE, que marcaron una tendencia sólida para Moreno, recibieron por respuesta del Gobierno Nacional, de la boca del presidente saliente Rafael Correa, el reclamo de la victoria. “La Revolución Ciudadana vuelve a vencer”, escribió. Como contrarréplica, el propio Lasso, expresó: “Han manoseado 800 mil votos”.  “Por eso hemos llamado a los ecuatorianos a las calles. Pediremos un reconteo voto a voto, urna a urna, acta por acta”, anunció con anticipación.
La economía es, a no dudarlo, un frente de trabajo de primera importancia. El resultado final, debe ser fiel reflejo de la voluntad popular. Luego vendrá el difícil trabajo de cumplir  con las planes de gobierno y ofertas de campaña,  sin exclusiones ni descalificaciones, caso contrario el pueblo organizado continuará resistiendo en las calles y plazas del país.

“Revolución Ciudadana”, no impulsó transformaciones sociales.
Para el  religioso y sociólogo belga François Houtart, quien desde hace seis años reside en Quito y trabaja como profesor universitario y asesor de movimientos sociales, los  “logros reales pero limitados en cuanto a su contenido de la “Revolución Ciudadana”. No tuvieron suficientemente en cuenta muchos aspectos, como el ritmo de las transformaciones culturales, la erosión de la soberanía alimentaria y los costos ambientales”.
A pesar de su relación de amistad con el presidente Correa, Houtart no mide sus críticas al actual modelo. “Son cifras que indican avances cuantitativos en la perspectiva de modernizar la sociedad, pero sin transformarla de fondo”, señala Houtart en entrevista para la revista “El Observador”.
Se dio, por ejemplo, una ausencia total de políticas agrarias: “no hubo ni reforma agraria ni políticas campesinas” enfatiza el fundador del Centro Tricontinental (CETRI) en Lovaina y de su prestigiosa publicación Alternatives Sud. Y hace referencia a un estudio del 2013 que indicaba un 44 e pobreza en las zonas rurales y un 19.5 e pobreza extrema.
El actual Gobierno impulsó, por el contrario, una agricultura moderna de monocultivos de exportación que destruye los bosques y expulsa a los campesinos de sus tierras. En síntesis, “no hubo durante estos años un proyecto de transformación fundamental de la sociedad sino una modernización del capitalismo”.
Si al principio se podía pensar que se trataba de un socialismo del siglo XXI, se introdujo paulatinamente una “restauración conservadora” dentro del proyecto mismo. La crisis provocada por la caída de los precios de las materias primas aceleró la regresión, privilegiando los intereses del mercado.

Desilusión y “alineación política”
Una parte de los movimientos sociales -entre ellos organizaciones indígenas- y de fuerzas de izquierda que originariamente apoyaron al proceso, “se sienten profundamente decepcionados”.
Cuando el Gobierno vio que esos movimientos le daban la espalda decidió crear nuevas organizaciones sociales que respondían a su proyecto. “Se dio así una fractura político-social muy profunda que sigue marcando la realidad social del país y que tiene una influencia en el comportamiento electoral de unos y otros”, explica Houtart.
Algunos de esos sectores “prefieren ahora darle su voto a Lasso y no a Moreno. Optan por apoyar a un representante del gran capital financiero, argumentando que en todo caso la situación no cambiaría demasiado”.
Al mismo tiempo, reflexiona, Lasso promovió un discurso astuto. Prometió la amnistía para algunos dirigentes sociales presos; el abandono de juicios abiertos contra líderes indígenas. Se comprometió a no autorizar la actividad minera sin consulta previa con los pueblos originarios, principio ya inscrito en la Constitución, pero no siempre respetado.
Se da una “verdadera alienación política de esos sectores sociales e indígenas que van a votar contra sus propios intereses más por argumentos afectivos que razonables”, enfatiza Houtart. Algunos piensan que va a ser más fácil luchar contra la verdadera derecha, que, contra la derecha maquillada como izquierda, enumera. Subjetivamente, son sectores que han sufrido y viven una gran decepción hacia el modelo de Correa, lo que define una situación muy compleja, por momentos inexplicable y de muy difícil recuperación o reconstrucción, sintetiza Houtart con cierto escepticismo sobre el futuro.
Y se distancia parcialmente de algunos de esos argumentos: “no estoy de acuerdo que Correa esté estableciendo el neo-liberalismo”. Su proyecto es, como sucede en otros países de la región, post-neoliberal, aunque no post-capitalista. Un capitalismo moderno que integra también como importante la lucha contra la pobreza. Pero que, incluso, aumenta los niveles de deuda externa a niveles semejantes al 2007 fecha cuando llegó al Gobierno.

Crisis conceptuales
Con el paso del tiempo Correa priorizó su rol de líder carismático. Trató de instrumentalizar los movimientos sociales -o creó otros paralelos-, impulsó una comunicación intensiva desde arriba e incluso criminalizó  la protesta social.
Todo esto al tiempo que mantenía su discurso progresista original, lo que complica, muchas veces la comprensión de lo que se debate en torno al segundo turno electoral. Se presenta, argumenta Houtart, como una lucha entre la izquierda y la derecha tradicional. Cuando en realidad se trata de un combate entre la derecha oligárquica tradicional, -expresada en el candidato Guillermo Lasso, que busca desesperadamente recuperar el poder político- y una derecha moderna en alianza con actores de izquierda en su mayoría provenientes de los movimientos sociales de los años 70.
En paralelo, los movimientos sociales tradicionales, confrontan una crisis profunda como en otras regiones del mundo. Perdieron la visión estratégica de una transformación profunda de la sociedad y entraron de lleno en el juego político electoral a corto plazo, concluye.

Democratización del poder
Lo que los ecuatorianos  queremos, es  un gobierno democrático que desconcentre, descentralice  y socialice las toma de decisiones en todos los niveles. Que se garantice la autodeterminación, la plena vigencia de los  Derechos Humanos y los Derechos  de la Madre Naturaleza (Pachamama).
Es cada vez más importante caminar hacia otras formas de  organización, en las que no tenga cabida ningún caudillismo, sino liderazgos colectivos. La tarea nos  conduce a mejorar la democracia representativa y, sobre todo, a construir una democracia participativa, basada en la organización social y comunitaria, de tal forma que los mandantes, “manden obedeciendo”.
El pueblo exige   una auténtica democratización del poder, que garantice la participación y el control social  en el campo y en las ciudades, desde las bases y las comunidades. Esa sociedad fundamentada en la horizontalidad demanda democracia directa, acción directa y autogestión, no nuevas formas de imposición vertical y menos aún liderazgos individuales e iluminados, que es lo que nos ha tocado vivir en esta década perdida.
El Gobierno en el poder deberá abrir un diálogo para debatir sobre la configuración del Estado Plurinacional, para promover un esquema contrario a la dictadura unipersonal, civil o militar, es decir la clásica concentración del poder en manos de una élite contraria a los verdaderos intereses de la sociedad.
Se trata de abrir un debate profundo para cambiar el modo de selección de las principales autoridades del Estado, impulsando una reforma constitucional para  eliminar el Consejo de Participación  Ciudadana y Control Social, que se ha convertido en un perverso instrumento burocrático en manos del poder ejecutivo.
Un gobierno que trate de recuperar el poder organizado promoviendo su asociación autónoma  y democrática, que reforme la Ley de Participación Ciudadana y el COOTAD, para asegurar que los gobiernos locales puedan promover  el tipo de organización y las formas de participación social que sean más adecuadas a sus  condiciones particulares, pero también sin dilaciones.
El nuevo electo, deberá impulsar la fidedigna aplicación de la misión fundamental de la Asamblea Nacional, de garantizar la democracia constitucional de derechos y justicia. Por lo tanto se deberá exigir desde la movilización social en las calles y plazas del país, la depuración del conjunto de leyes, mediante convocatoria a  una consulta popular.
Los derechos ciudadanos –individuales, colectivos y ecológicos- de los trabajadores, campesinos, de los pueblos y nacionalidades, deben ser respetados, sin ningún tipo de restricciones. Jamás permitiremos que el gobierno recurra a la criminalización del pensamiento, de la libertad de expresión, ni de la protesta social. Los derechos sociales, de organización, reclamo, huelga y resistencia, deberán estar plenamente garantizados, así como el derecho a pensar diferente.

Sobre la Libertad  de Expresión
Los diferentes sectores de la sociedad civil, consultados, han manifestado su compromiso de exigir al  gobierno en el poder, garantice la libertad de expresión, entendida como la libertad del otro, del que piensa diferente. No una libertad de expresión sometida a los intereses de los grandes propietarios de los medios de comunicación.
Para lograr este objetivo es básico hacer realidad la democratización de la comunicación, de una nueva Ley basada en los principios de plurinacionalidad e interculturalidad, que cumpla la distribución equitativa de frecuencias.
El ejercicio internacional de la comunicación es un derecho que asiste a todos los profesionales  del periodismo y a toda la ciudadanía sin restricciones de ninguna especie.
Para garantizarlo hay que desmontar el aparataje jurídico y administrativo, eminentemente represivo y persecutorio, montado por el correismo para coartar la libertad de expresión y de pensamiento.
En concreto habrá que derogar  todos aquellos puntos que han transformado a la Ley de Comunicación, en una ley de mordaza  y que impide la democratización de los medios de comunicación.
En línea con estos planteamientos se deberá fortalecer los medios de comunicación comunitarios, públicos y privados. Habrá que exigir que los medios de comunicación gubernamentales u oficialistas, se transformen en medios de comunicación públicos, controlados por la propia sociedad ecuatoriana.
Nunca más, los servidores públicos deberán ser obligados  a llenar plazas y calles en defensa de gobiernos autoritarios. El nuevo gobierno deberá respetar la movilización y resistencia de  las organizaciones y movimientos sociales, de las organizaciones políticas y de la ciudadanía consciente y comprometida con las transformaciones sociales y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.


 


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