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Año 21 - Diciembre/2019
BIMESTRAL
N° 114
internacional    INICIO      Jueves 02 de Abril del 2020    
  EDITORIAL

  INTERNACIONAL
¿REVOLUCION ENTRE LOS DIAS?

  NACIONAL
UN GOBIERNO DEBIL E IMPOPULAR
LEVANTAMIENTO INDIGENA Y POPULAR

  DENUNCIA
FUNCIONARIO Y CONTRATISTA AL MISMO TIEMPO
EL FRACASO DE TRES ALCALDES Y LA GRAN ESTAFA DEL TRANVIA

  PATRIMONIO
20 AÑOS COMO PATRIMONIO MUNDIAL

  HISTORIA
PINCELADAS DEL AYER
EL CHAZO CUENCANO
PASE DEL NIÑO Y KAPAK RAYMI

  CULTURA
UN MAESTRO CONSUMADO

  PERSONAJE
ROSTROS Y RASTROS DE TRASCENDENCIA

  TURIMSO
LACIUDAD LUZ

POR: Jaime Chuchuca Serrano

 

 


¿Revolución entre los días?
La crisis económica del 2007, llamada la más larga de la historia, afectó a las potencias de distintos modos. Desde 2013 estalla la crisis de los comodities en Latinoamérica y tocó la sirena del fin de la bonanza y el comienzo de la crisis de varios populismos.

Los Tratados de Libre Comercio (TLC), los acuerdos políticos, el ajuste estructural en el corazón del trabajo, la desregulación para privilegiar la acumulación del capital, el recorte de los derechos sociales, y el despojo de la naturaleza con el extractivismo son parte de la estrategia de sometimiento y vulneración de los trabajadores, mujeres, indígenas, estudiantes, mayorías pobres. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos son los burócratas propagandísticos de estas ideas.

El capitalismo herido serpentea por América entre los alaridos de los Estados: monstruos abyectos de autoritarismos colonial-liberales, de los que se han derivado características fascistas. A estas crisis prosiguen las crisis de los personalismos políticos y las de sus sucesores: Chávez (Maduro), Correa (Moreno), Evo (Añez), Fernández (Macri), Macri (Fernández), Bachelet (Piñera), Uribe (Santos), Santos (Duque) Lula (Bolsonaro), etc.

La subsunción de la periferia al centro está atravesada por las guerras (económicas) entre las grandes potencias. Las políticas económicas tendientes a causar el crecimiento económico de los capitalistas, a costa del pueblo trabajador y las clases medias, han causado indignación mundial.

Las patologías críticas se sanean con fármacos inservibles: jeringuillas neoliberales. De las cuales los pueblos latinoamericanos tienen larga experiencia y las clases dominantes padecen adicción. La medicina popular para semejante prescripción es conocida: protestas y movilizaciones, que han ido en escalada, a veces imperceptible, hasta llegar a octubre de 2019, mes de cumbres inexploradas.

Los países latinoamericanos conectaron pensamientos y latidos comunes en la agitada marcha por su emancipación.

Latinoamérica explotó. Los derechos a la resistencia y la movilización permanente ponen en jaque a los gobiernos y Estados. La situación precaria de la región no está alejada de las otras colonias del imperialismo en disputa: Líbano, Afganistán, Etiopía, Irak, Palestina y Siria, saqueadas y acabadas por la guerra.

No sólo las cadenas coloniales del imperialismo están en procesos de liberación, las mismas potencias encuentran dificultades para dirigir sus trenes: varios representantes y senadores han acusado a Trump de quebrar la democracia de EEUU. Ciudades como Hong Kong viven más de seis meses seguidos de protestas. Francia festeja un año de los “chalecos amarillos”.
Sin embargo, frente a la resistencia se organiza la burguesía atávica y modernizada, la oligarquía financiera, la derecha colonial y las autoridades de turno. Las corporación de comunicación y las fuerzas armadas se formaron como el escudo común de las clases dominantes; han unido los microfascismos más enervantes y un nacionalismo-racismo terrorífico que quiere enfrentar a hermanos trabajadores de distintas nacionalidades.

La dirección individualista del poder que se traduce en el populismo (de derecha e izquierda) y el fascismo han sido cuestionados de modo práctico: millones de personas y decenas, centenas y miles de organizaciones se ha puesto de acuerdo para reivindicar derechos históricos milenarios y contemporáneos.

Las mujeres han participado de modo masivo, quizá como nunca, en las movilizaciones. Preparadas con sus propios discursos, organizadas bajo una causa común y gritando: abajo la violencia patriarcal generalizada por el sistema.

La juventud -de la que se decía que pasaba sólo pegada a su celular- demostró ser más creativa que nunca. Los jóvenes rompieron los cercos mediáticos con las redes. Contra las caricaturas hegemónicas de la prensa tradicional, elaboraron decenas de miles de memes imposibles de responder. Los post de Facebook se convirtieron en verdaderas columnas editoriales.

En estas luchas, los pueblos indígenas originarios, llenos de trabajadores, campesinos, estudiantes, mujeres, enseñaron la solidaridad histórica comunal a las naciones. La minga destruyó las barricadas y les enseñó el diálogo a las autoridades herederas de los gamonales.

Esta pluralidad de eslabones  se perfila como una resistencia anti-sistémica en formación.
En Ecuador luego de casi 12 días de paro, los pueblos arrojaron por la borda el sangriento Decreto 883 y la Ley del Saqueo, arrinconando a la derecha colonial que defendió al gobierno. En Chile los jóvenes empezaron cuestionando la subida de los pasajes del metro, pero la sociedad chilena se terminó sublevando contra un régimen antidemocrático de cerca de cincuenta años. En Bolivia, la oposición de derecha e izquierda increpó a Morales sobre un fraude electoral, y la oligarquía y EEUU aprovechó la situación para amotinar a policías y militares, causando un golpe militar fascista, contra el que el pueblo se ha levantado. Colombia -país que vive doscientos años de guerra civil- arrinconó a Duque y su paquetazo, como la continuación de la necropolítica de Estado, el narcotráfico y el paramilitarismo.

El mito de que los pueblos no pueden vencer el armamento tecnológico del siglo XXI, es rebatido por la misma fuerza política, moral y numérica de los movimientos. La dureza de la represión policial y militar, hace aparecer diferentes formas de defensa en la población. Algunas comunidades no han tenido más alternativa, para salvar la vida, que ejecutar improvisadas tácticas de guerrillas.  Sin embargo, la voluntad de las masas populares es indetenible: han derribado tanques y monumentos coloniales con la fuerza de sus músculos, y han triunfado en millares de improvisados combates de oratoria en las redes sociales y medios tradicionales.

La posición política, justa, moral y digna de los pueblos insurrectos nos ha puesto a reflexionar sobre la caducidad del sistema económico, político, moral, cultural capitalista. Pocos museos podrán albergar nunca las ideas de los jóvenes y los pueblos que se levantaron en 2019.


 


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