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Año 21 - Diciembre/2019
BIMESTRAL
N° 114
turimso    INICIO      Virenes 17 de Enero del 2020    
  EDITORIAL

  INTERNACIONAL
¿REVOLUCION ENTRE LOS DIAS?

  NACIONAL
UN GOBIERNO DEBIL E IMPOPULAR
LEVANTAMIENTO INDIGENA Y POPULAR

  DENUNCIA
FUNCIONARIO Y CONTRATISTA AL MISMO TIEMPO
EL FRACASO DE TRES ALCALDES Y LA GRAN ESTAFA DEL TRANVIA

  PATRIMONIO
20 AÑOS COMO PATRIMONIO MUNDIAL

  HISTORIA
PINCELADAS DEL AYER
EL CHAZO CUENCANO
PASE DEL NIÑO Y KAPAK RAYMI

  CULTURA
UN MAESTRO CONSUMADO

  PERSONAJE
ROSTROS Y RASTROS DE TRASCENDENCIA

  TURIMSO
LACIUDAD LUZ

POR: Gabriela Astudillo P.

 

 


La ciudad luz
Hace exactamente un año, después de un hermoso periplo por Bélgica, llegamos en el cómodo “flixbus” a la estación de la terminal 3 del Charles de Gaulle, luego tomamos el metro hacia el Voltaire Boulevard, para hospedarnos en un acogedor hotel, con una ubicación perfecta para los paseos, las compras y visitas turísticas de rigor. Era la señorial París, que nos acogía con glamour invitándonos a soñar, conocer y aprender. Con las emociones a flor de piel iniciamos nuestras interminables caminatas: primero hacia la Plaza de la Independencia, aquella noche convertida en un área pública alternativa con música electrónica en vivo, cuya iluminación resaltaba las estatuas de Marianne, de la libertad, igualdad y fraternidad; de regreso pasamos por la Plaza de la Bastilla, un lugar más bien bohemio y clásico, lleno de barcitos, cafés y espacios culturales como: la Casa de la Opera y el Coulée Verte René Dumond, un jardín público lineal que sigue el recorrido de la antigua línea de tren, sobre el viaducto de las Artes. 

Al día siguiente, anduvimos por la “Rue de Saint Antonie” llena de edificios republicanos hasta cruzar por el Puente de Arcole, con un bello día soleado apreciamos el río Sena en todo su esplendor; luego, era un imperativo tomar el bus turístico para complacernos con esta luminosa capital: el Vedettes du Pont Neuf  (estrellas del nuevo puente),  la emblemática Av. de los Campos Elíseos, con centros y marcas famosas de la moda, y comercio en general; cines, teatros, e incluso centros nocturnos de lujo, como el cabaret Lido, visitado por millonarios.

Ante esta inmensidad citadina, con caravanas multitudinarias de turistas de todo el mundo, fueron intensas caminatas y visitas a tantos lugares espectaculares, que resultaría largo describir los detalles: la Rotonda donde sobresale uno de los íconos de París, el Arco del Triunfo, el  Pequeño y Gran Palacio, la Escuela Militar, el Palacio de los Inválidos, la casa de Víctor Hugo, la impresionante Torre Eiffel, donde nos detuvimos para plasmar sus imágenes. La Plaza del Trocadero donde se ubica el Palacio de Chaillot construido para la Exposición Universal de 1937.  Continuamos por el Obelisco de la Concordia, la clásica Iglesia de la Madeleine, Teatro Olympia, el fastuoso edificio neobarroco de la Opera de Garnier,  el conocido Moulin Rouge y paradójicamente más adelante la Iglesia de la Trinidad.

El Museo de Louvre -en la Plaza de Vendome-, tres plantas arquitectónicas monumentales, graderíos, pasadizos, la pirámide de cristal al ingreso, un laberinto de formas, convoca a extasiarse de toda la historia y cultura, que abarca el arte mundial desde oriente a occidente y de norte a sur; especialmente la obra maestra de La Gioconda de Leonardo da Vinci, como para detener el tiempo en la contemplación y admiración.

Finalmente me referiré a la majestuosa Catedral de Nuestra Señora -en francés, Cathédrale Notre-Dame- del culto católico y dedicada a la Virgen María, situada en la pequeña isla de la Cité y rodeada por el río Sena. Es uno de los edificios más antiguos construido en estilo gótico, donde sobresale la bóveda de crucería y del arbotante, los enormes y coloridos rosetones, y la abundante ornamentación escultórica.

 Según la enciclopedia virtual, se dice que su construcción inició en 1163; la mayor parte se completó, cien años más tarde, en 1260; y solo se terminó en 1345; con cambios periódicos a lo largo de los siglos, ya que requería de constante renovación y también por la evolución del arte y tendencias de la época. En 1786 la aguja central, dañada por las inclemencias del tiempo, tuvo que ser desmontada. Durante la década de 1790, tras la Revolución francesa, Notre Dame fue desacralizada y sufrió el robo o dispersión de muchos de sus bienes, así como la profanación de parte de su imaginería religiosa, que quedó deteriorada o destruida. Tras ser empleada como almacén, en 1802 se devolvió su uso a la Iglesia católica gracias a Napoleón Bonaparte, quien se coronaría emperador en Notre Dame dos años después.

Pese a ello, el templo subsistió hasta la publicación de la novela “Nuestra Señora de París”, escrita por Victor Hugo en 1831, y cuyo escenario principal era Notre Dame, lo cual revivió el interés por la vieja catedral parisina, novela que relata la desdichada historia de la gitana Esmeralda, y Cuasimodo, el jorobado, en donde sus elementos hacen de la obra, un modelo de la literatura del Romanticismo. Por otra parte, el arquitecto Viollet-le-Duc, defensor del estilo neogótico, encabezó un proyecto de restauración que comenzó en 1845 y se prolongó durante un cuarto de siglo; cuya intervención consistió en reparar elementos deteriorados, además de incorporar nuevas tecnologías y ornamentos, como aquella aguja de 96 metros de altura, y las famosas gárgolas, extrañas esculturas que servían para evacuar el agua de lluvia. En la segunda mitad del siglo XX se llevaron a cabo campañas de limpieza y restauración, entre ellas la recuperación del color original de la fachada, reparaciones que por falta de presupuesto, recién fueron retomadas hace poco.

Lamentablemente y como es de conocimiento mundial, el 15 de abril de 2019 el edificio sufrió daños significativos a causa de un incendio; dos tercios de la techumbre fueron destruidos, la aguja central cayó y los rosetones quedaron dañados. Se piensa que posiblemente el fuego fue producto del descuido durante la refacción que se estaba efectuando,  aún está en proceso la investigación. Pasará un tiempo para la total restauración. Aún nos quedan las imágenes únicas de escenas navideñas que admiramos y fotografiamos, recordando con nostalgia esa entrañable joya arquitectónica.

Cada espacio recorrido nos ilustró profundamente, era como evidenciar todo lo estudiado en los libros, soñando e imaginando un mundo lejano e inalcanzable. Este sueño lo cristalicé en familia, con mi hermano Sebastián y mi madre, otra soñadora empedernida, al compartir esta aventura maravillosa e inolvidable. Aún nos esperaba el viaje a Nueva Delhi, Agra y Jaipur, en la India; otro periplo, que posiblemente les contaré en una próxima entrega.


 


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