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Año 21 - Octubre/2019
BIMESTRAL
N° 113
personajes    INICIO      Domingo 17 de Noviembre del 2019    
  EDITORIAL

  OPINION
UNASUR VS. ALIANZA PACIFICO
LENIN MORENO UN GIRO DE 180 GRADO A LA DERECHA
FUERA MAFIAS

  DENUNCIA
JUEZ DENUNCIA A SIMON VALDIVIESO
PATRIMONIO DESTRUIDO
FISCALI INVESTIGA

  NATURALEZA
SUICIDIO DE LAS AVES

  COMUNIDAD
INOCUIDAD DE LOS ALIMENTOS
DIA DE LA MUJER INDIGENA

  EDUCACION
NUEVO TALENTO EDUCATIVO

  CULTURA
BIBLIOTECA MUNICIPAL O PUBLICA
PAGINA L

  PERSONAJES
DOS PERFILES DE MUJERES
DALILA, 65 AÑOS DE VIDA FECUNDA

POR: Gabriela Astudillo P.

 

 


Dalia, 65 años de vida fecunda
Hace algún tiempo leía este párrafo de un artículo en el que se mencionaba a mujeres brillantes en diversos ámbitos;  entonces pensé que quien lo escribió también debería estar dentro de aquel grupo: Dalila, la humana y la intelectual; la primera referida a la hermana, esposa, madre y amiga; y la segunda; la profesional, pedagoga y escritora. Esta vez haré referencia a la primera… Era la segunda de 9 hijos/as, creció prácticamente a orillas del Tomebamba, pues, mientras su papá manejaba el taxi, su madre, la Ishuquita -como la arquitecta empírica que fue- edificaba una casa tras otra al pie de la Av. 3 de noviembre, desde el Vado hasta la subida de la calle Sucre. Siempre estuvo pendiente de sus hermanas/os, soñaba verlos crecer en un ambiente de amor y solidaridad, organizaba eventos preparando poesías y obras de teatro en fechas especiales como cumpleaños y navidad. Desde muy chica le gustaba auto-educarse, de tal manera que después de muchos días de seguir a su hermana mayor a la escuela, empezó su aprendizaje con apenas 4 añitos, ya que le permitieron sentarse como oyente a un ladito de Cumandá: “…Dalila llegó a mi vida después de dos años, era mi mejor amiga, juntas formamos nuestra primera comunidad educativa familiar, donde impusimos la disciplina y el orden, la responsabilidad era grande, había que sacar a flote a seis niñas/os más, pues, nuestros padres estaban ocupados trabajando y llenos de responsabilidades…”

Creció en la escuela Tres de Noviembre y se graduó en el Colegio Manuel J. Calle, siempre sobresaliente, fraterna y sensible a todo nivel, cuidaba mucho de su hermana Lidia: “…Cuando niña y adolescente algunos de mis sentimientos hacia ella eran de generosidad, amor incondicional y complicidad, ya que la pobrecita aguantaba los castigos de nuestros padres porque su hermanita la rebelde de la casa, lo que menos hacía, era obedecer y cumplir las reglas…” Con Natalia había más que una relación de hermanas, era una relación como de madre e hija, pues le llevaba algunos años: “…Dalila ha sido y será el recuerdo más cercano de una madre. Vigilaba que tenga ropita limpia, que esté bañadita y que siempre sea respetuosa. Lo vivido en mi infancia son remembranzas que me acompañan todos los días. He contado a mis hijas y ahora contaré a mi pequeño nieto, que soy lo que soy gracias a mis hermanitas…”

Cuando regresaba de clases, cuidaba a Estefanía y a Carmita: “…Quiero sencillamente agradecerle a mi hermanita querida porque a través de su maternidad, me estrené como tía. Recuerdo que a mis 12 años contaba los días para que Dalila diera a luz y poder sentir en mis brazos a mi primera sobrina. Gracias por todo lo que ha hecho como madre, hermana, activista política, mujer, tía, amiga, gracias por esa maternidad colectiva...” Por supuesto se preocupaba por el desayuno y las tareas de los más pequeños, Tato, el menor, rememora: “…Dalila era mi hermana-maestra. Me enseñó las vocales a los cuatro años y, cuando en el colegio me mandaron de tarea preparar una exposición sobre algún compositor clásico, ella me mostró “emocionada” unos pequeños cuadernillos y yo elegí a Verdi, así, que me contagió la pasión por la lectura, una de las cosas más importantes para mí desde siempre…” Estudió Filosofía en la Universidad de Cuenca y pronto empezó a trabajar de docente, amaba lo que hacía, su satisfacción era ver a sus estudiantes aprender y salir adelante, especialmente a los más humildes, aquellos que sufrían graves situaciones de pobreza, violencia intrafamiliar, o que tenían alguna discapacidad, por lo que luchaba para que el colegio donde dictaba clases sea inclusivo y con equidad de género.

Se casó con un hombre honesto y trabajador, quien la esperaba todos los días después de un largo viaje, de ese amor, cinco años después nació su Querubín, su ángel, entonces empezó una “peregrinación de solidaridad” para investigar cuál era su discapacidad, poco a poco entre exámenes, diagnósticos, frustraciones, esperanzas… fueron entendiendo y aceptando su crecimiento lento, con él han aprendido el valor de las cosas más sencillas, él es simplemente su razón de ser. Ahora, con su hijo grande y aprendiendo día a día en el Centro de Artes, su interminable lucha continúa por reivindicar los derechos de las mujeres y de las personas con discapacidad. Finalmente debo añadir, que cinco septiembres antes del nacimiento de su Querubín, tuvo su primera hija, su fiel compañerita, su amiga incondicional. Así, hemos caminado juntas durante 39 años, inculcándome la fe en Dios, la humildad y la dignidad de un ser humano: “… mija, todo en manos de Dios…”; agradecida infinitamente por su ejemplo y sus consejos, ya que he aprendido el valor de la solidaridad y la generosidad: “…mi negra, aquel necesita más que tú…”, de la responsabilidad y de la perseverancia: “…lucha por tus sueños, tú eres capaz…”, del perdón y la paciencia: “…perdona 70 veces 7…”, junto a mi hermanito, hemos sido privilegiados por su amor, sus cuidados y enseñanzas: “…mis hijos, mi mayor tesoro…”, por ello y por mucho más, muy orgullosa dedico este artículo a mi MADRE como un amoroso y grato reconocimiento en sus 65 AÑOS de vida fecunda.  


 


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