EDITORIAL

Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas. Con esta simple frase podemos reseñar las cosas que han pasado en el país, en los últimos tiempos. Tiempos duros, sí, muy duros, para la mayoría de ecuatorianos que sobreviven con lo mínimo pero con mucha dignidad, con la frente en alto y con las manos limpias, sí limpias por el trabajo diario, de sol a sol, hasta el cansancio, llevando el pan a la mesa para los suyos con honestidad. Ellos si pueden ver a sus hijos a la cara, de frente, con orgullo, dándoles ejemplo de lucha y sacrificio; no como los otros. !Cuáles otros¡, los de la caterva pues, sí, esos que se enriquecieron de la noche a la mañana, esos buitres que pasaron en un santiamén de “mendigos a millonarios” !Y cómo lo hicieron¡. Sencillo, se reunieron un grupo de truanes, escogieron como líder al más sabido, al mono farsante, audaz, hablador, pícaro; luego, se inventaron un partido político, le pusieron nombre. Creo que se llamó Asalta País, y manos a la obra. Se tomaron la Presidencia y todos los poderes del Estado. Arrasaron con eso que llaman la institucionalidad, cambiaron las leyes para su provecho personal, desmantelaron todo lo que pudieron. Era algo así como la hora de la salsa de la caterva.

Se vino un diluvio de obras con sobreprecios impresionantes, mientras más cara era la tarea más coimas se repartían, más dinero del pueblo ingresaba a sus sucios bolsillos. La ambición crecía  a la par con el lenguaje violento del más bacán, del que no se andaba por las ramas, del que se convirtió en furioso dictador,  porque se adueñó, sin permiso, de todos los poderes del Estado. Yo soy, dijo sin inmutarse, desde la infame tarima de los sábados, el jefe de todo. Y así, impartió a sus jueces, fiscales, polichapas, las órdenes para espiar, perseguir, enjuiciar y encarcelar a todo aquel que se interpusiera en el camino del saqueo, del derroche, del fandango, de las interminables noches de bohemia en la casa presidencial, que la convirtió en una vulgar cantina donde los de la caterva gozaron de extenuantes jornadas nocturnas de baile, chupe, canciones revolucionarias, mofas, mandadas de mano, propuestas indecentes, y todas las locuras rosas que se puedan imaginar.

Pero el tiempo pasó. Llegó la hora del cambio. Lenín gana la Presidencia, su segundo al mando en los mejores años de la caterva. No, señor, los mejores tiempos fueron con su socio Glas. Ahora los dos gozan de suertes distintas. El mandamás huyó del país para refugiarse en su segunda patria; mientras que el “chueco” disfruta de los placeres en  una de las lindas cárceles que se construyeron en épocas de bonanza.

Decía, a propósito del triunfo espectacular de Richard Carapaz en el Giro de Italia, y de todos los deportistas que nos han llenado de gloria y alegría en las últimas semanas, por las medallas alcanzadas en las distintas disciplinas; las dos caras de la moneda, en la una los premios ganados por la juventud; en la otra, la verguenza por contar con una clase política que, en la última década, se alzaron con el santo y la limosna. Pero como no hay crimen perfecto, ha llegado la hora de rendir cuentas, de que paguen por todo el daño causado al pueblo. Así, gracias a un patriota que partió hace poco de este mundo, porque unos cuántos canallas, bien identificados, le insultaron hasta el cansancio, provocando su muerte, me refiero al Doctor Julio César Trujillo. El Observador le rinde un sentido homenaje de gratitud por todas las lecciones que nos dejó.

Su ejemplo ha dejado huella, sus frutos se están viendo, sus pasos está siguiendo una dama de nombre Diana Salazar, desde la Fiscalía General del Estado. Sus primeras acciones han sido aplaudidas: preso Alexis Mera, el que se creía intocable, con grillete la bonitica de la María de los Angeles Duarte, escondido el maquiavélico Vinicio Alvarado, la Gabi salió con destino desconocido, mientras que Miss Vicuña, que llegó por obra y gracias de Lenín, a la vice, cayó desde lo más alto por los “benditos” diezmos que obligaba depositar puntualmente en sus cuentas a sus colaboradores con el pretexto de la “revolución bolivariana”.

Ya vendrán días mejores, mientras los delincuentes que amasaron fortunas, de a poco van ocupando su lugar en la historia negra de este saqueado país.

Felipe Aguilar, con su talento indiscutible, decía: “Durante 3650 días un RC explotó su carisma y dilapidó su talento, para humillarnos, ofendernos, avergonzarnos, ante los ojos del mundo. En apenas 21 días, otro RC nos llena de orgullo y nos pone en el primer plano del deporte mundial. Los dos ya están en la historia”.