EDITORIAL

Llega a sus manos, apreciados lectores, la edición 110 de El Observador. Abril mes de aniversario de la Fundación de Cuenca (462 años), y mes de conmemoración de la revista, sí, cumplimos 21 años de vida. Dos acontecimientos. Este 12 de Abril, el Alcalde saliente, Marcelo Cabrera, presidirá la última sesión solemne del Concejo Cantonal de la Ciudad Patrimonial. Hará un balance de los logros alcanzados, será una especie de rendición de cuentas frente a sus conciudadanos que hace cuatro años atrás, le favorecieron con su voto para dirigir, por segunda vez, los destinos de la urbe morlaca, la ciudad de los cuatro ríos. Se postuló para un nuevo período, pero los cálculos le salieron mal, muy mal, la gente simplemente se cansó de más de lo mismo, de los ofrecimientos demagógicos incumplidos, como aquello de construir cinco mil viviendas, la nueva circunvalación, la fiscalización al contrato y obras del tranvía, millonario proyecto aprobado  entre gallos y media noche, al finalizar la administración de Granda, sí, el mismo que ahora habla de la necesidad de incrementar los años de trabajo para la jubilación, pero no dice ni pío de los saqueos a los fondos de la institución de la caterva de “manos limpias”. ¡Cuánto cinismo del pequeño personaje!.

En la recta final de la campaña electoral, saltaron a la luz pública, denuncias de corrupción, el reparto de cargos burocráticos entre agnados y cognados del burgomaestre-perdedor; el cobro de diezmos a colaboradores de Cabrera, denuncia que está en manos de la Fiscalía, en fin, la Contraloría General del Estado, hará las respectivas auditorías para determinar responsabilidades civiles y penales, en caso de haberlas. El derroche en las campañas de Cabrera y Carrasco, fue evidente, grosera, sin compasión, la ciudad sufrió un ataque abusivo, en las fachadas de los inmuebles patrimoniales se colgaron lonas de todo tamaño promocionando las “figuras” de los que prometían el oro y el moro. Carrasco, también pagó caro su prepotencia y arrogancia, el arbitrario gasto del prepuesto de la Institución Provincial, en eventos rimbombantes, como el Festival de Cine o la Cumbre Mundial a la que llamaron “Hambre Cero”, mientras se servían suculentos banquetes, para escuchar a ex-mandatarios, traídos desde el viejo continente, a cambio de cientos de miles de dólares, decir que el hambre es un serio problema mundial. ¡Cuánto desparpajo! Se derrocharon millones del presupuesto de la corporación provincial, para aparentar qué, para creerse líder mundial, el mucho lote, el más sabido; en tanto, los cantones y sus habitantes siguen esperando las obras que nunca llegaron. Recibieron promesas, insultos, amenazas; los que no entregaban cada mes y puntualmente los diezmos, se les gritaba (te me vas y punto), los contratistas tenían que entregar un porcentaje a las buenas o a las malas. Su ego crecía más y más, mientras sus colaboradores-adulones aplaudían sus hazañas a cambio de un buen salario, fueron cómplices y encubridores de la corrupción. No hay crimen perfecto. Todo saldrá a la luz en su momento.

Ahora, el pueblo cuencano y azuayo, ha puesto sus esperanza, sueños e ilusiones, en las nuevas autoridades electas. Cuenca se decidió por el ingeniero Pedro Palacios, para que dirija sus destinos en los próximos cuatro años.  Joven empresario, emprendedor, preparado, con todas las ganas de cambiar para bien la administración municipal. Yaku Pérez, el histórico dirigente indígena, el defensor a muerte de las fuentes de agua, de la naturaleza, de la vida, hizo una campaña modesta, muy modesta, caminando con su gente, con sus campesinos, por calles y plazas, dejando el mensaje, siempre alegre, su saxafón fue su mejor estrategia. Yaku es el nuevo Prefecto del Azuay.

Palacios y Pérez, se han comprometido a no ser encubridores de la corrupción, a que se hagan las auditorias respectivas sobre el manejo de los sagrados dineros del pueblo. Se viene una reingeniería, un nuevo modelo, una gestión limpia, administraciones honestas, de puertas abiertas, sin familiares, sin asesores que no asesoran nada, sin compra de conciencias, sin burócratas vagos que deambulan por cafeterías en horas de oficina, sin sapos y culebras, que tanto daño han hecho a la ciudad y provincia. El Observador estará como siempre vigilante, observando, destacando lo bueno y denunciando lo malo. De eso que no les quede la menor duda.La Libertad de Expresión, ni se compra, ni se vende, ni se transa.